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Tromboembolismo venoso
Cuando estamos sanos, la sangre fluye continuamente a través de nuestro sistema circulatorio, formado por el corazón, las arterias, los capilares y las venas.
No obstante, puede ocurrir una coagulación anormal o trombosis especialmente cuando estamos encamados o inmovilizados durante largos periodos de tiempo. Algunas patologías, como el cáncer, aumentan el riesgo de trombosis.
Tienen riesgo los pacientes sometidos a cirugía, especialmente los pacientes sometidos a cirugía ortopédica mayor de la extremidad inferior, como cirugía por fractura de cadera, o reemplazo de cadera o rodilla.
En estos pacientes, la cirugía estimula la coagulación de la sangre. Además, el flujo sanguíneo que retorna al corazón desde la venas de las piernas es más lento.
El flujo de sangre más lento, junto con una posible lesión en la pared de las venas, puede desencadenar la formación de un coágulo de sangre en una vena profunda de la pantorrilla. Estos coágulos tienden a formarse cerca de las válvulas en el interior de las venas.
Estos coágulos anormales pueden expandirse en la vena hacia arriba, pasar de la rodilla y formar lo que normalmente se denomina "trombosis venosa profunda".
Si parte o la totalidad de este coágulo en crecimiento se desprende, se convierte en una embolia. Cuando la embolia llega al corazón, éste la bombea hacia los pulmones. Esto puede causar una urgencia médica conocida como embolia pulmonar.
Los síntomas causados por la embolia pulmonar, como la tos repentina, dificultad para respirar, ritmo cardiaco rápido o dolor torácico, dependen del tamaño de la embolia y en donde se haya alojado en el pulmón. No obstante, los síntomas pueden ser vagos y parecerse a los asociados con otras patologías.
Existen tratamientos para prevenir la formación de estos coágulos durante y después de la hospitalización y la cirugía.
Más información sobre Tratamientos actuales de la ETV
Fibrilación arterial
Nuestro sistema circulatorio suministra oxígeno y otros nutrientes a todos los órganos de nuestro cuerpo. Nuestro corazón bombea la sangre enviándola a través de nuestro sistema circulatorio.
El corazón tiene 4 cámaras—2 cámaras superiores o aurículas, y 2 cámaras inferiores o ventrículos. Con cada latido, la aurícula se contrae para enviar sangre a los ventrículos que a su vez se contraen para bombear sangre hacia los pulmones (ventrículo derecho) y el resto del cuerpo (ventrículo izquierdo).
En la fibrilación auricular, o FA, la alteración más habitual del ritmo cardiaco, la aurícula se contrae de forma rápida y desorganizada. Como resultado, la aurícula no consigue bombear correctamente la sangre hacia los ventrículos.
Este bombeo ineficaz da lugar a la acumulación de sangre en partes de la aurícula. En esta sangre de movimiento lento se pueden formar coágulos en una zona del interior de la aurícula izquierda llamada apéndice auricular izquierdo.
Los coágulos que se forman en la aurícula izquierda pueden ser peligrosos porque pueden desprenderse (formando lo que se conoce como “embolia”) y viajar a través del ventrículo izquierdo, y después desde el corazón hacia las arterias que transportan la sangre al cerebro.
El peligro reside en que la embolia se puede alojar en una arteria del cerebro, bloqueando el flujo de sangre.
El tejido cerebral posterior a la embolia deja de recibir sangre. Esta falta repentina de sangre lesiona las células del cerebro causando un ictus o accidente cerebrovascular.
Existen tratamientos para prevenir el ictus en pacientes con fibrilación auricular. Estos tratamientos actúan evitando la formación de coágulos.
Más información sobre Prevención del ictus en la FA
Síndrome coronario agudo
Nuestro corazón bombea entre 60 y 90 veces por minuto para que la sangre llegue a todas las partes de nuestro organismo.
El corazón se nutre de las arterias coronarias, que le suministran oxígeno y nutrientes para mantener la actividad constante de este músculo.
Con la edad, empiezan a formarse placas ateroescleróticas en las arterias, incluidas las arterias coronarias.
La placa aterosclerótica está formada por células llenas de colesterol, células inflamatorias y otros materiales que se acumulan en la pared interna de las arterias afectadas.
El crecimiento de la placa puede reducir el suministro normal de sangre limitando la cantidad de sangre que llega a los órganos principales como el corazón y el cerebro.
En el síndrome coronario agudo (SCA), una placa de la arteria coronaria se erosiona o se rompe, dando lugar a la formación de un coágulo de sangre en el interior de la luz del vaso.
Este coágulo o trombo puede bloquear el flujo sanguíneo en la arteria coronaria, produciendo una lesión en el músculo cardiaco que puede ser potencialmente mortal dependiendo del grado de bloqueo.
Como la aterosclerosis normalmente afecta a múltiples arterias, incluidas otras coronarias y arterias que van al cerebro, los pacientes que sobreviven a un SCA tienen el riesgo de nuevos trombos en los sitios donde se forma la placa ateroesclerótica.
Estos acontecimientos pueden ser un SCA recurrente o ictus. Existen tratamientos para prevenir la aterotrombosis recurrente.
Más información sobre Tratamiento agudo y prevención del SCA
- Síndrome coronario agudo
- Se trata de un término genérico utilizado para nombrar cualquier grupo de síntomas clínicos compatibles con la isquemia aguda de miocardio (dolor torácico debido al aporte insuficiente de sangre al músculo del corazón que da lugar a una cardiopatía coronaria). El síndrome coronario agudo abarca todo el espectro de patologías clínicas que van desde la angina inestable al SCAEST y SCASEST.
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